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Terapia de adultos

Aquel de vosotros que esté sin pecado,
que arroje la primera piedra

JESÚS DE NAZARET Mt 7, 1-5

No se debe suponer del adulto el hecho de que tenga desarrollada su personalidad por completo. En realidad, entendiendo la vida como camino, está en pleno proceso, recorrido por etapas, circunstancias y cambios que van influyendo en cómo es la persona.

Se supone, eso sí, que dos de los grandes pilares de la vida adulta deben estar vislumbrados al menos: el proyecto afectivo y el proyecto personal/profesional. Después de la adolescencia la persona desarrolla el concepto de cómo quiere vivir la vida, solo o acompañado, en tal o cual trabajo. Otra cosa es que lo consiga pronto o tarde o que las circunstancias personales y/o sociales lo faciliten o imposibiliten.

Durante este trayecto vital son muchos los problemas por los que se puede acudir al psicólogo: depresión, ansiedad, fobias, obsesiones, dificultades en las relaciones personales, adicciones, repeticiones frecuentes de situaciones negativas…

A medida que el método terapéutico y la interacción con el profesional va surtiendo efecto la persona se hace más dueña de sí misma y de la posibilidad de cambio. Las circunstancias empiezan a no estar sujetas al azar y comienza el dominio sobre su vida.