Cuando el mundo tiembla

Cuando el mundo tiembla

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En los últimos meses, he observado que algunos pacientes no llegan a consulta por problemas familiares o laborales, sino con una angustia difusa pero pesada, centrada en algo que ocurre a miles de kilómetros de distancia. Mencionan las tensiones entre EE. UU. y Venezuela, la guerra en Ucrania, la inestabilidad en Oriente Medio, o las fricciones diplomáticas en zonas tan remotas como el Ártico o el Mar de China Meridional.

Si sientes que el mundo es un lugar cada vez más peligroso y te aterra la idea de un conflicto global —o peor aún, que te obliguen a formar parte de él—, quiero decirte algo importante: no estás solo y tu reacción, aunque dolorosa, tiene una explicación psicológica.

Lo que experimentas se conoce como «Ansiedad Geopolítica» o «Ansiedad Nuclear». No es un trastorno, sino una reacción de supervivencia de tu cerebro (específicamente la amígdala) que inunda tu cuerpo de cortisol ante una amenaza percibida, aunque esta llegue a través de una pantalla.

Gran parte de este miedo se alimenta del Doomscrolling: el consumo compulsivo de noticias negativas. Ver imágenes de conflictos sin filtros en redes sociales puede causar Trauma Vicario, generando:

  • Hipervigilancia (estar siempre alerta).
  • Problemas de sueño.
  • Sensación de desesperanza aprendida («haga lo que haga, el mundo se acaba»)

Además, surge un miedo muy específico: el reclutamiento forzoso. Psicológicamente, esto ataca nuestra necesidad de autonomía. Aunque la estadística dice que la probabilidad en occidente es baja, la ansiedad no entiende de números, sino de la pérdida de control sobre la propia vida.

Es importante racionalizar este miedo. La probabilidad estadística de un reclutamiento civil masivo en países occidentales sin conflicto directo sigue siendo extremadamente baja. Sin embargo, la ansiedad no entiende de estadísticas, entiende de
emociones.

Si este miedo está afectando tu calidad de vida, te propongo aplicar estas herramientas:

  1. La Dieta Informativa Estricta: Dosifica la realidad. Infórmate solo 15 minutos al día a través de medios escritos (activan menos la respuesta emocional que los videos) y nunca antes de dormir.
  2. Círculo de Control vs. Círculo de Preocupación: Dibuja dos círculos, uno dentro del otro.
    • Fuera (Preocupación): La geopolítica, las decisiones de Putin o Trump, el precio de la gasolina. (No puedes cambiar esto).
    • Dentro (Control): Tu rutina, tu trabajo, cómo tratas a tus vecinos, tu voluntariado local.
    • El ejercicio: Cuando sientas ansiedad, pregúntate: «¿Esto está en mi círculo de control?». Si no lo está, enfócate en algo que sí lo esté.
  3. Aceptación de la Incertidumbre: Nadie conoce el futuro. Intentar predecir catástrofes solo genera dolor. Practicar el «aquí y ahora» ayuda a desactivar esas proyecciones.

Tener miedo a la guerra en tiempos inciertos es una señal de que estás conectado con la realidad y tienes empatía. No eres «débil» por sentir esto. Sin embargo, no dejes que el miedo a un futuro hipotético te robe la paz de tu presente real.

Si sientes que este miedo te paraliza, te impide trabajar o dormir, busca ayuda profesional. En terapia trabajamos para que tú controles al miedo, y no el miedo a ti.

Por: Diego Ousset Garvín – 19 de enero de 2026

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