Lo que nos enseñaron las monjas sobre el Alzheimer

Lo que nos enseñaron las monjas

sobre el Alzheimer (y sobre nosotros mismos)

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Hay estudios que llaman la atención por lo que descubren. Y luego están los que sorprenden incluso antes de empezar, por la forma en que están planteados. El Estudio de las Monjas pertenece a esta segunda categoría. Y no porque sus resultados no fueran relevantes (lo fueron, y mucho), sino porque nadie imaginaría que un convento pudiera convertirse en un escenario ideal para comprender cómo envejece el cerebro humano. Y, sin embargo, lo fue.

Las protagonistas del estudio
David A. Snowdon siguió durante décadas a 678 monjas de la congregación School Sisters of Notre Dame, con edades entre los 75 y los 100 años (la media rondaba los 83). Su valor científico era enorme: todas compartían estilo de vida, dieta, rutina y entorno. Esta homogeneidad es un tesoro para la investigación porque reduce interferencias y permite observar con claridad qué factores influyen realmente en el envejecimiento cerebral. Las religiosas participaron de forma ejemplar: aceptaron evaluaciones físicas y cognitivas anuales, y muchas donaron su cerebro para ser estudiado tras su fallecimiento. Su motivación era ayudar a otras mujeres, dentro y fuera de su comunidad.

Cuando una autobiografía escrita a los 20 predice tu salud mental a los 80
Todas las monjas habían redactado, al ingresar en la congregación, una breve autobiografía explicando sus motivos para entrar en la orden. Años después, estas páginas se convirtieron en una fuente de datos fascinante. El análisis reveló que:

– Mayor “densidad de ideas” (más ideas expresadas por número de palabras) se asociaba con menor deterioro cognitivo décadas después.

– Las monjas que escribieron con un tono más positivo  sobre sí mismas, su vocación o el mundo— vivieron una media de siete años más que las que mostraban menos emociones positivas. En el grupo “más alegre”, casi el 90 % alcanzó edades muy avanzadas, mientras que en el grupo “menos alegre”, solo un 34 %.

Resiliencia cerebral: cuando el daño existe, pero no se nota
Uno de los hallazgos más asombrosos llegó con los estudios post mortem. En varios cerebros aparecieron placas amiloides y ovillos neurofibrilares, las lesiones típicas del Alzheimer. Sin embargo, estas monjas no habían mostrado síntomas en vida. El caso más emblemático fue el de la hermana Mary, fallecida a los 101 años con unas capacidades cognitivas impecables. Su cerebro, al examinarlo, estaba completamente afectado por lesiones propias del Alzheimer.

¿Cómo era posible? La explicación se encuentra en la reserva cognitiva: un “capital mental” acumulado gracias al lenguaje, la educación, la lectura, la reflexión y la vida intelectual. Su cerebro estaba tan preparado que pudo compensar el daño.

¿Qué significa esto para nosotros?
El estudio demuestra algo profundamente esperanzador: el envejecimiento cerebral no está totalmente predeterminado. No podemos controlar todos los factores, pero algunos hábitos cotidianos marcan una gran diferencia.

– Mantener una vida mental activa (leer, escribir, conversar, aprender).
– Cultivar una actitud emocional positiva, que puede protegernos a largo plazo.
– Vivir experiencias significativas y formarnos, porque la educación en todas sus formas fortalece el cerebro.

Una lección que trasciende el convento
El Estudio de las Monjas es un recordatorio brillante de que nuestra biografía, nuestras emociones y nuestras costumbres influyen poderosamente en cómo envejece nuestro cerebro. No se trata de una solución mágica contra las enfermedades neurodegenerativas, pero sí de un mensaje inspirador: invertir en nuestro mundo interior tiene un impacto real, profundo y duradero.

Por:  Mariló Parra Carballo- 28 de noviembre de 2025

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