Las vacaciones te delatan

Las vacaciones te delatan

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Por fin llegan las vacaciones. La maleta está hecha, el chiringuito a la vista y, en teoría, solo queda una cosa por hacer: disfrutar. Pero pasan dos días y ocurre algo extraño. Estás cansado, irritable, no tienes ganas de hacer nada, te molesta hasta el sonido de la cucharilla del café. Y empiezas a preguntarte: “¿Pero no se supone que estaba deseando estar aquí?”.

Bienvenido a una de las pequeñas paradojas de las vacaciones: a veces, cuando por fin paramos, empezamos a notar todo aquello que durante el resto del año no teníamos tiempo de escuchar.

Durante el año sobrevivimos. En vacaciones, nos escuchamos. Durante meses funcionamos con el piloto automático: trabajo, niños, casa, compra. Obligaciones. WhatsApp. Citas. Pendientes. “Esto lo hago el fin de semana”. “Cuando lleguen las vacaciones descanso”. Y así vamos acumulando cansancio sin apenas darnos cuenta.

El problema es que nuestro cerebro es bastante práctico: mientras hay cosas que hacer, se centra en hacerlas, pero llegan las vacaciones y de repente no hay reuniones, ni despertadores, ni correos urgentes, solo Silencio. Y en ese silencio pueden aparecer pensamientos que llevaban meses esperando turno: “Estoy agotado”, “No estoy disfrutando de mi vida”, “Mi pareja y yo no estamos bien “, “No sé cuándo fue la última vez que hice algo que realmente me apeteciera”, “¿Por qué estoy triste si no tengo ningún motivo?”

Las vacaciones no siempre crean el problema. A veces simplemente lo hacen visible. Las vacaciones no tienen por qué ser la causa de nuestro malestar. En muchas ocasiones funcionan más bien como un amplificador. Y además tenemos un problema: esperamos ser felices. Las vacaciones vienen cargadas de expectativas. El problema es que cuando creemos que “ahora debería estar bien”, cualquier emoción que no encaje con ese guion parece un fracaso. Y empezamos a luchar contra lo que sentimos en lugar de intentar entenderlo.

Las vacaciones pueden poner sobre la mesa cuestiones que durante el año permanecían escondidas bajo la rutina.

Pregúntate: “¿Qué me están permitiendo ver estas vacaciones que durante el año no tenía tiempo de mirar?”, ¿Desde cuándo me siento así?,¿Me ocurre únicamente durante las vacaciones o también durante el resto del año?, ¿Hay algo en mi vida cotidiana que llevo tiempo intentando ignorar?, ¿Estoy descansando o simplemente he cambiado el tipo de obligaciones?, ¿Estoy intentando disfrutar porque realmente quiero o porque creo que debería hacerlo?

A veces, responder sinceramente a estas preguntas puede ser mucho más útil que reservar otra excursión. Las emociones no entienden de calendarios. A veces descansar también significa dejar de correr lo suficiente como para poder escucharnos. Quizá tus vacaciones simplemente hayan llegado para decirte algo que el resto del año no veías: tiempo para darte cuenta de cómo estás.

Por: Laura Corrochano Cabo – 17 de agosto de 2026

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