Las vacaciones te delatan
Por fin llegan las vacaciones. La maleta está hecha, el chiringuito a la vista y, en teoría, solo queda una cosa por hacer: disfrutar. Pero pasan dos días y ocurre algo extraño. Estás cansado, irritable, no tienes ganas de hacer nada, te molesta hasta el sonido de la cucharilla del café. Y empiezas a preguntarte: “¿Pero no se supone que estaba deseando estar aquí?”. Bienvenido a una de las pequeñas paradojas de las vacaciones: a veces, cuando por fin paramos, empezamos a notar todo aquello que durante el resto del año no teníamos tiempo de escuchar.
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